Signed in as:
filler@godaddy.com
Signed in as:
filler@godaddy.com

Cuando era niña, la vida se sentía sencilla, aunque no tuviéramos agua corriente, inodoros ni electricidad. Esa tranquilidad cambió el día que mi familia decidió migrar a Estados Unidos. Tenía 14 años, y de repente todo lo que conocía se volvió incierto mientras nos enfrentábamos a un camino lleno de retos que jamás imaginé.
Salimos de nuestro pequeño pueblo y llegamos a Tijuana, esperando en la frontera entre México y Estados Unidos. Cada hermano cruzaba uno por uno. Cuando llegó mi turno, mi mamá insistió en que me acompañara mi hermano mayor para cuidarme. Pero durante el cruce nos separamos. Terminé en manos de extraños—hombres que se suponía debían protegerme, y tuve que luchar contra ellos para mantenerme a salvo.
Al llegar a mi destino, la casa parecía hermosa al principio. Pero pronto, el abuso sexual se volvió inevitable, y casi todas las noches tenía que pelear por mi seguridad. Estaba en un país nuevo, lidiando con un idioma y una cultura distintos, y tratando de sobrevivir cada día. A los 18 años tuve mi primer hijo y después de un tiempo me vi obligada a entrar en un matrimonio sin amor, que terminó en divorcio. Con los años, tuve cuatro hijos más, atravesé otros dos divorcios y enfrenté la vida como madre soltera trabajando de mesera. Todo se sentía pesado, abrumador y sin fin.
En mi momento más bajo, algo cambió. Sentada en la desesperación, escuché a un conferencista decir: “Si quiero ser libre, tengo que ser yo. Y si quiero ser yo, tengo que ser libre.” En ese instante, comprendí que me había perdido a mí misma en algún punto del camino.
Sentí una chispa, como una puerta pequeña abriéndose dentro de mí. Por primera vez entendí que si quería que la vida se sintiera más ligera, tenía que mirar hacia adentro y enfrentar esas verdades que había estado evitando. El peso que cargaba no venía solo de las circunstancias, sino de las creencias que había formado sobre mí misma a lo largo de los años.
Empecé a escribir mi vida, cuestionando cada decisión, cada experiencia. Descubrí las suposiciones que había formado desde niña—creencias como “No valgo,” “No pertenezco,” “No soy suficiente.” Estas suposiciones moldeaban cómo me veía y cómo veía el mundo. Cuando se activaban, provocaban lo que llamo momentos de “¿Qué acaba de pasar?”—confusión, desorientación y desequilibrio emocional.
Al identificar mis detonantes, pude darme cuenta de que no estaba perdida en la vida, sino atrapada en emociones no resueltas y creencias falsas que había creado desde pequeña. Cuanto más exploraba, más ligera me sentía. Y mientras más ligera me sentía, más podía lograr. La vida empezaba a sentirse más fácil.
Este viaje se trata de reconocer y transformar las suposiciones ocultas que has cargado desde la infancia. Al descomponer tus emociones en partes más pequeñas y comprensibles y observar tus detonantes, puedes liberar las creencias que ya no te sirven, encontrar claridad y libertad, y recuperar un sentido de equilibrio. A medida que lo haces, la vida se vuelve más ligera, tus conexiones se profundizan y se abren nuevas posibilidades—alegría, amor y realización.
Hola, queridos amigos y familia:
Quiero hablarles desde el corazón. Como su coach, mi propósito es acompañarlos mientras descubren lo que ya existe dentro de ustedes: capacidad, fuerza y una vida que vale la pena construir.
Hay algo que nunca debemos olvidar:
Lo que asumimos de nosotros mismos termina guiando nuestras decisiones.
Si te ves pequeño, actúas pequeño.
Si te ves capaz, empiezas a moverte diferente.
Si asumes un futuro posible, tus pasos se alinean con él.
Por eso trabajamos tanto en la mente. Porque los pensamientos no son solo ideas: son la base desde donde nace tu vida. Cuando eliges pensamientos que te impulsan, abres caminos. Cuando cambias la historia interna, cambias tu experiencia externa.
También vamos a enfocarnos en tus metas. No solo las grandes, sino esas que llevan tiempo pidiéndote atención. Las vamos a ordenar, simplificar y convertir en pasos alcanzables, para que el avance no se sienta abrumador sino real y constante.
Y claro, vamos a cuidar el equilibrio. La vida no es solo productividad. También es relaciones, descanso, bienestar, risas, momentos tranquilos y espacio para sentir. No estás aquí solo para lograr cosas, sino para vivir con sentido.
Mi rol no es decirte qué hacer. Es ayudarte a ver quién ya eres, qué te está frenando, y qué nuevas asunciones pueden abrirte la puerta a todo lo que deseas.
Cada día trae una nueva oportunidad para elegir mejor: cómo piensas, cómo respondes y cómo te tratas. Celebra lo que avances, aprende de lo que duela, y sigue adelante confiando en lo que estás construyendo.
Gracias por permitirme ser parte de sus procesos. Es un honor acompañarlos en este camino de crecimiento y descubrimiento.
Con amor, y compasión,
Luz María Vásquez
We use cookies to analyze website traffic and optimize your website experience. By accepting our use of cookies, your data will be aggregated with all other user data.

Uncovering the hidden truths behind life's puzzling moments through storytelling.